lunes, 25 de junio de 2012

Finalista en el XXVIII Certamen de Poesías de San Pedro


EL VUELO DEL CÓNDOR
A mi padre


Que el aire me desgarre el alma
si no lo cruza su vuelo,
si el cóndor pasa desplumado de emoción.
El aguacero de abril clamará
que no hay consuelo en las encinas
ni se ríen del frío los grajos;
que la tarde es gris de verdad.
No encontraré bálsamo en aquellas páginas
si quedan los versos privados de la voz
-¡la única!- que sabía llorarlos.

Cuando tu ausencia sea mi losa
-tan cruel, tan pesada, tan grande-
y yo hierro frío estancado en ella,
caducarán los libros, huiré de mitos, de héroes.
Cuando no halle medios que a mí te devuelvan,
las alas del viento, cedazos rotos,
no traerán neblina verde
a las sombras de la dehesa;
injustificable la risa, habré de reinventarme.
Cuando sólo en tu voz  encuentre alivio
justo en el instante en que te pierda,
¿serás tú el cóndor que pase?
¿será tu aliento el que sobrevuele la montaña?
¿o ya no habrá verde, ni héroes, ni cóndores?

El día que te vayas, destronarás mi sierra.




http://www.youtube.com/watch?v=-V5mpJ8iA38

Saludos con el viento.

domingo, 10 de junio de 2012

Tal cual

Por pura necesidad, tal cual... Acabo de escribirlo, lo he leído tres veces y lo he colgado. Asumo los riesgos.



CUANDO EL GRANIZO


Siento cómo se me agota la poesía
igual que piel ajada
que va dejando jirones tras de sí.
Contengo el impulso de mirar a atrás,
de salir en su busca
para recomponer el tejido roto;
se me congela el corazón
de miedo a sondear los oscuros agujeros
donde hallar enganchados en raíces solitarias
aquellos jirones, quizá, vendidos al olvido.
Tal vez me rechacen sin aguantarme:

Déjanos en paz, somos flor de verano,
cigarras sin remedio que agonizan
con la llegada del frío...

Siento cómo se me agota la poesía
cuando cae ese granizo inesperado que me hunde el pecho
y una noche triste -tras perder la batalla- amenaza
con devorar el brillo de mi existencia
mil veces reinventada,
otras tantas, forjada de una fe pertinaz
entre las llamas de una rebeldía
a las puertas de consumarse.
Ahora lo siento...
Sé que no será así, pero
cada mandoble que despeja el camino de maleza
supone algo menos de aliento aunque facilite el paso
y, mientras tanto,
siento cómo se me agota la poesía
cuando mis ideas limitan con todo
en un cuadrilátero primitivo
ciego de vulgo,
absurdo de inverosímil,
herido de impotencia.

Es cuando se vuelven de barro los dedos del alfarero. Entonces,
labios pegados, mi mueca se retuerce buscando su sitio,
pero es demasiado blanda la carne para fijar perenne el gesto.

Cuántas caras en un solo día...
Qué pensarán las paredes, que no saben de dobleces;
qué pensarán los espejos, que no conocen la opacidad;
¡qué dirá la techumbre, que nunca cambia de casa!

Entonces va el aire y abre la ventana sin permiso...
Y yo recuerdo que no la cerré
porque vino el tiempo de las flores.




Saludos con el viento.

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