martes, 20 de diciembre de 2011

Cuando iba a revisar unos poemas


Ahora no -me dije-. Vamos a leer un rato,
vamos a tratar de entender las cosas
un poco mejor.
Ahora no es el momento de podar mis versos,
no podría con ellos, los destrozaría.
Cuando no nos vemos claros ¿cómo vamos a leernos?
Ni la mente más fuerte puede
aniquilar un cansancio largamente alentado.

¿Alguien intuye lo que anida en su propio corazón?
¿Hay alguien por ahí capaz de desvestirse el alma,
penetrar en la sustancia de sus inquietudes
y conocer los trances que han edificado su historia?
¿Quién se agota más, el farero o el faro?
¿El fruto cae del árbol porque ya no resiste
o es el árbol el que suelta al fruto cansado de sostenerlo?
Gastamos las horas esperando que el silencio nos hable
mientras perseguimos las sombras del techo.

Podría haber hecho las cosas tan bien... O bien.
Sólo queda intentarlo de ahora en adelante.









Saludos con el viento.

8 comentarios:

Valaf dijo...

Hola,

No sé las respuestas a tus preguntas, pero me asombra la capacidad que tenemos para formularlas.
Yo creo que lo importante son las preguntas: las respuestas ya vendrán (y o harán, porque hemos sido capaces de preguntar)

Tu última linea, es crucial. Lo mismo que nos posibilita la pregunta nos garantiza que eso que dices allí pueda hacerse. al menos eso creo.

Saludos

María Blázquez dijo...

Gracias Valaf, en gran medida, estoy de acuerdo contigo, el autopreguntarse puede ser el comienzo de todo.

Saludos cordiales.

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

Querida María:

En un buen poema brilla siempre una luz que nos atrae y nos lleva por las regiones donde se interna la inspiración del poeta. Tú posees el don encandilar, de " enganchar " con tus versos y con tus palabras. En esta reflexión fluye desde el primer momento una corriente en la que uno se ve de inmediato suspendido. El verdadero conocimiento es solitario e interior. Omnia mea mecum porto ( Llevo todo lo mío conmigo ) ha de ser el lema del sabio. Cuando uno comprende se calla, el silencio es fruto del conocimiento, y los que intentan romperlo se desesperan al no ser entendidos por sus lectores, no sólo por la dureza de mollera de estos, sino porque sus palabras no traducen bien su silencio. Los poemas son sólo dedos que señalan, la verdad está más allá: Lo que queremos siempre está a un paso de lo que decimos...
Mientras tus conocimientos, María, eran polimorfos e incontables, mientras tenías erudicción, podías disponer de cuantas lecturas quisieras ( Gabriel y Galán, Neruda, Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Cernuda, Shakespeare, Italo Calvino, Saint- Exupéry, Emily Bronte, Whitman...Pero cuando todo ello ha empezado a hacerse vida, a formar parte de la tuya, a alimentarte espiritualmente, a confundirse con lo que eres, has conocido la regla de oro del conocimiento: conocer algo es desconocer mucho. Uno elige su biografía intelectual, como elige el lugar donde vive y los amigos que tiene. Pero vivir en todos sitios, tener a todo el mundo como amigo, es lo mismo que no vivir en parte alguna o no conocer la amistad. Así recorremos autores como amigos y libros como ciudades que vamos incorporando a nuestra existencia, siguiendo un camino y renunciando a los demás.
El sabio, desde el comienzo, va tirando por aquí y por allí, va eligiendo su sendero, escogiendo las ideas que serán los pilares de su edificio intelectual y vital. Poco a poco todo se va jerarquizando, y llega un momento en que con sólo oler las tapas de un libro o leer el primer verso de un poema, sabe si dirá algo o si hará perder el tiempo. El erudito, por el contrario, carece de orden. Todo lo recoge, todo le sirve, a todo le da la misma importancia. Acumula teorías de esto y de aquello, sabe cuanto dijeron cientos de autores sobre cientos de asuntos, su cabeza está poblada de citas. Sin embargo, él apenas dice nada, qué va a decir con tanto argumento entrecruzado en su cabeza...
Es difícil, María, que una persona, cambie de perspectiva ante el conocimiento y la vida. Tú lo has hecho - " ¿ Alguien intuye lo que anida en su propio corazón ? ¿ Hay alguien por ahí capaz de desvestirse el alma, penetar en la sustancia de sus inquietudes y conocer los trances que han edificado su historia ? " -. Acabas de darte cuenta de la inanidad de la erudicción y has elegido el camino que elige una persona sabia: - " Gastamos las horas esperando que el silencio nos hable, mientras perseguimos las sombras del techo " -. Tienes dentro de ti demasiado equipaje. Sólo tirar lastre te salvará - " Podría haber hecho las cosas tan bien ... O bien. " -. Aunque probablemente sea una tarea difícil - " Sólo queda intentarlo de ahora en adelante " -. Qué tirar - " Ahora no es el momento de podar mis versos, no podría con ellos, los destrozaría " -. Con qué quedarse - Cuando no nos vemos claros, ¿ cómo vamos a leernos ? " -. Eso es algo que uno aprende lentamente - Ni la mente más fuerte puede aniquilar un cansancio largamente alentado " -. Difícil extirpar ese prurito de aprovechamiento de todo, esa mirada acostumbrada, desde la infancia, a no dejar pasar nada, que ahora se convierte en afán de reciclaje. Querrás vivir todo cuanto sabes, sin abandonar nada. Pero cuando tu biblioteca interna se haga vida, cuando el hielo de tu conocimiento se derrita, nos mostrará la mejor María, - ¿ El fruto cae del árbol porque ya no resiste o es el árbol el que suelta el fruto cansado de sostenerlo ? -, porque no hay persona que soporte tanta vida como llevas dentro.

Un abrazo fuerte.

María Blázquez dijo...

“Solo sé que no sé nada.” ¿VERDAD?

Querido Conocimiento:
Creo que no alcanzo, siquiera, el grado erudición en algo; la sabiduría es una constante aspiración y el conocimiento un canto de sirenas mezclado con éxtasis. Mortal, sí, mortal...
Mi mandíbula quedó descolgada al terminar de leer tu comentario, que no es un comentario. Es un alarde profundo de saber qué se está diciendo y hasta dónde se quiere llegar. Pones ante mí un camino o, mejor dicho, una encrucijada, frente a la cual hay que sentarse a pensar en la piedra más grande que una encuentre antes de retomar el paso. Difícil... difícil.
Me propones un deshielo que no sé cómo provocar, añades a mi perfil detalles que conozco sobradamente pero solo yo, y otros que también conozco y prefiero no tener presentes para mantener los pies en la tierra.

La mediocridad es el peor castigo que puede sufrir alguien que mira hacia atrás y siempre, siempre, concluye en lo mismo: podría haber hecho las cosas tan bien... Pero ¿qué cosas?
Entonces pone la vista en el presente y sabe que le va a estallar en la cara todo lo que no hizo si no lo hace, pero ¿cómo hacerlo bien?

¿Cómo provocar ese deshielo del que hablas? ¿Cómo no caer en la trampa del “no sé hacerlo mejor”?

Tu comentario es un regalo para todo el que, efectivamente, quiera verse por dentro, trascender al horizonte que nos señalan esos dedos de versos, ir más allá. Gracias.
Podría escribirte -¡decirte!- muchas más cosas que se me ocurren o se me desprenden tras leerte, pero aquí ya no soy capaz de mostrarme más, aunque me desnude en mis poemas. Curiosa dicotomía ¿VERDAD?

Un fuerte abrazo.

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

Agradezco tu hospitalidad, María, asi como tu comentario. Continúo con las palabras del otro día.

La creación es incomunicable. El momento sublime en el que uno alumbra una idea, una imagen, un pliegue del universo, no puede ser comunicado. El conocimiento verdadero, como toda creación, muere en el mismo momento en que aparece. Esa es la primera traba para la comunicación, las demás ni siquiera necesittan actuar sobre algo que no ha superado el primer y definitivo obstáculo. Todos los que hablan sobre este asunto se fijan en las dificultades posteriores, pero pasan por alto la más radical, la primera y suficiente y, por tanto, la única. Los propios creadores resaltan el instante en que batallan con el lenguaje para expresar su visión, su hallazgo. Eso reduciría el problema a una mera cuestión técnica. No. Hay algo antes. El lector nunca podrá entender lo que el autor quiso decir, nunca podrá sentir lo que el autor sintió al escribir, cómo dos vidas distintas, cómo experiencias distintas, van a entender lo mismo al enfrentarse a las mismas palabras. Yo voy, como tú, aún más atrás. Yo voy al momento en que la idea se difumina, se desvanece, al segundo posterior al instante creador. La creación lleva el marchamo de la primera vez. Es como el primer beso, nunca podrá repetirse. Y sin embargo, el poeta de verdad, y tú lo eres, María, se esfuerza en renovar un instante que nunca volverá, que por definición no puede regresar. Ahí está la pérdida, ahí. Por eso es incomunicable la creación. Es una luz que nace y se apaga. Deja restos, por supuesto, huellas y memoría, sombras. Es con lo que se contentan todos. Menos tú...
Pero las obras están ahí, María, no son sombras, son luces.

Un abrazo.

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

Este escrito es acaso el mayor ejemplo de dar transparencia, coherencia y comunicabilidad a nosotros.



Un beso.

Luis Nieto del Valle dijo...

Yo creo que hay dos fases, o al menos es lo que me ocurre a mí:
1) Llega el chispazo de la inspiración: de repente bulle un tema por la cabeza a partir de algo sensorial que percibimos poetizado. Para ese momento, es importante llevar siempre a mano algo para anotar. Ahí ya aparece algún verso 'clave', que quizá se mantenga después tal cual.
2) Se trabaja lo anotado inicialmente. Ahora es un trabajo más artesanal, aunque evitando que pierda esa fuerza inicial.
Quizá entre la fase 1 y 2, es importante que se "enfríe" la emoción inicial, tanto más cuando se trate de una emoción "más" personal (valga la redundancia). Ese "enfriamiento" nos permite tener autocrítica sobre lo que escribimos. Aún así, a veces es preferible leerlo sucesivas veces pero no en el mismo día, para advertir dónde modificar o mejorar.
¡Vaya peñazo que te he dado! jajaja, pero dime por correo cómo lo ves tú.
Un abrazo y besos

María Blázquez dijo...

Caro Conocimiento: Este escrito es reconocer la evidencia. Rendirme a ella. La coherencia es un valor inestimable.
Un abrazo.

Luis: Lo haré amigo, intercambiaremos impresiones si lo deseas.

Un abrazo.

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