viernes, 15 de enero de 2016

Los cuerdos de las cavernas

Soñé que no volvería a soñar;
que la locura había caído
abrazada a los sueños.
Yo anidaba en ellos,
con su muerte me volvía un borrón,
un garabato
en el lienzo de los cuerdos.
Lloré. Grité. ¡Me descompuse en súplicas!
La respuesta fue el silencio.
Quedaron varados en su caverna
al abrigo de sombras conocidas.

Ceñir la sensatez lograría trastornarme.
Busqué a los sueños que resistían
en el fortín de una playa.
Invadí la orilla. Me abismé
donde los cuerdos ni locos bucean.
El agua llegaba al fortín de arena,
los sueños se confundían con la espuma.

Mansamente, me diluí con ellos.



Saludos con el viento.

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